El Contagio Colectivo...

Publicado el por Ney Díaz

Quienes laboran o han laborado conmigo o han participado en algún evento nuestro, saben que desde el primer día tengo la costumbre, en la medida de las posibilidades, de “darme una vueltecita” por todas y cada una de nuestras actividades. Siempre he dicho que no hay evaluaciones o tabulación que reemplace el palpar personalmente las “vibraciones” de un evento o ver el lenguaje corporal de una persona cuando le preguntas “cómo va todo”. De igual forma, siempre que la agenda lo permite, trato de participar mínimo en un 20% de los eventos que realizamos cada año.

Hace ya bastantes años, participé en uno de nuestros talleres de Finanzas para Ejecutivos no Financieros. Durante el receso de la tarde del primer día, y como parte de mi acostumbrado “tanteo”, me acerqué a un señor muy alto quien estaba solo, recostado de una pared mientras tomaba un café. Le pregunté cómo iba todo, a lo que él me respondió (y lo recuerdo como si fuera ayer): “Excelente, ese facilitador definitivamente se las trae. Te tengo una sola observación y es que sugiero que envíen el material del evento antes para uno ir repasándolo”. Le agradecí el comentario y prometí evaluar su sugerencia.

Al final del segundo día, y concluido el taller, tal como también siempre estilo hacer, me puse a leer una por una las evaluaciones de éste. Para mi sorpresa entre los comentarios en las evaluaciones y los testimonios, ocho personas, entre ellas obviamente el señor a quien me acerqué, habían escrito la observación acerca de la necesidad de enviar el material previo al evento. Dado el número de sugerencias ésta definitivamente hubiese sido una retroalimentación interesante a considerar si no fuese por un fenómeno muy extraño: Ese mismo taller lo habíamos realizado en seis ocasiones anteriores y en ninguna otra ocasión alguien había hecho esa sugerencia. Más interesante resulta este fenómeno si además les comento que luego de éste, hemos realizado más de una docena de eventos sobre el mismo tema (y con el mismo facilitador) y jamás en las evaluaciones ha vuelto a salir ese comentario.

Como estuve en ese evento completo y como siempre pedimos a las personas que opcionalmente pongan su nombre en las evaluaciones y testimonios, no me resultó difícil llegar a una conclusión: Las siete personas que habían hecho el comentario eran justo las siete personas que, o se sentaron junto con el señor durante el evento, o almorzaron en la misma mesa con él durante los dos días. Definitivamente era evidente que este era un caso de lo que denomino un “contagio colectivo”.

Pero el objetivo de este post no es hablar de nuestras evaluaciones. El único objetivo de este ejemplo, de muchos otros que podría haber utilizado, es evidenciar el hecho de que la mayoría de los seres humanos, queramos aceptarlo o no, o incluso estemos conscientes de ello o no, somos altamente influenciables. De igual forma y como otra cara de la moneda, todos tenemos una gran capacidad de influenciar, lo sepamos o no. Aunque por razones que desconozco en castellano el término conlleva una ligera connotación negativa, a la hora de hablar de influenciar, hablamos tanto en términos positivos como negativos. No obstante, y para fines de este post, quisiera concentrarme en las “influencias negativas” en las organizaciones. O como dije anteriormente, de los “contagios”.

Las organizaciones, son probablemente el lugar del día donde más tiempo corrido de nuestra vida consciente dedicamos. O como sucede en cualquier lugar donde hay un alto nivel de convivencia, existe un alto nivel de “contagio”. Es por esto que debemos estar siempre alertas en determinar quienes están infectados con los diferentes virus que hay en el ambiente laboral. Algunos de estos son el virus de la apatía (recomiendo leer mi editorial favorito en GESTIÓN: Vacúnese contra la Apatía), el de la negatividad, el de la mediocridad, el de la resignación y el de la irresponsabilidad, entre otros. Y en consecuencia evitar a los compañeros contagiados y buscarle el lado a los inmunes. Y sobre todo estar monitoreando todo el tiempo esto ya que estos son virus altamente infecciosos.

Pero esta situación tiene otra “arista” aún más importante. Y es que tenemos que estar también siempre conscientes de nuestra capacidad de “contagiar”, incluso si estamos “sanos”. A veces sin darnos cuenta, no somos conscientes de que con un simple chiste, con un comentario inocente o una opinión a la ligera que probablemente no recordemos transcurridos cinco minutos, estamos influenciando negativamente y de forma permanente a una persona débil de carácter o con los tradicionales paradigmas negativos muy arraigados (Ej. Los empresarios son explotadores, los compañeros que se quedan hasta tarde quieren ganar puntos, los jefes exigentes son malos, las personas que no comparten en el trabajo son antisociales, las empresas no agradecen, etc. etc. etc.). En pocas palabras desde el punto de vista de la influencia, nuestros comentarios son como balas de una pistola tiradas al azar. A algunas personas con suerte no les impactan, otras las evaden ágilmente, a otras las hieren superficialmente y al resto las hieren gravemente.

Desarrollemos cada vez que podamos la costumbre de cuestionar nuestros paradigmas y enjuiciar nuestras opiniones. En pocas palabras, debemos de vez en cuando hacer un “stop” y pensar (o mejor dicho, analizar) lo siguiente: “¿Realmente yo pienso así?”, ¿Es este un juicio de valor realmente mío? ¿Es posible que tantas personas realmente pensemos igual antes una determinada situación o persona? ¿Estoy partiendo en esta opinión de un paradigma errado? ¿El hecho de que mi compañero / amigo piense así implica que debo pensar así? Y sobre todo, por último y no menos importante, debemos estar alertas a las “señales confusas” o a los “infectados con síntomas”. Con esto quiero decir, por ejemplo, que con el hecho de que una persona sea simpática no quiere decir que no sea negativa, que con que sea chistosa no quiere decir que no sea apática, o con que sea buena gente no quiere decir que sea responsable, etc.

Y recuerde siempre que al igual que con cualquier otro tipo de epidemia la clave está en la prevención…

Un simple ser humano agradecido del privilegio de ganarse la vida aportando al éxito profesional, crecimiento empresarial y desarrollo personal de los demás.

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